¿Alguna vez pensaste que saber de números, presupuestos y cuentas bancarias te ayudaría a empoderarte como mujer? ¡Es cierto! La educación financiera es una herramienta que nos da poder para cambiar nuestras propias vidas y las de nuestras comunidades.
Durante mucho tiempo, el dinero fue una especie de “campo vedado” para nosotras. Nos hicieron sentir acomplejadas por no ser lo suficientemente masculinas, nos confinaron a la domesticidad y limitan nuestras posibilidades de desarrollo. Sin embargo, a través de la tenacidad, la solidaridad y la resistencia, las mujeres estamos rompiendo esas cadenas y tomando nuestro lugar en el mundo.
Y uno de los elementos clave en esta lucha, sin duda, es la educación en cuestiones económicas. Pero esta educación no ocurre espontáneamente, ni como un acto de desobediencia. Más bien, su adopción se basa en una combinación de tres elementos interactivos: la educación en sí, la acción colectiva de la sociedad y el gobierno como intervención estratégica.
Le recomendamos: ¡Oye! Si tienes educación financiera estás en el camino de tu autonomía económica
La importancia de la educación en finanzas
La verdad sobre la educación va más allá de aprender a sumar y restar a niños y niñas, y la verdad es que saber de numeritos nos ayuda a comprender cómo funciona el sistema económico, a tomar decisiones informadas sobre el dinero, tanto el que nos entra como el que nos sale.
Además de los números fríos arrojados por las estadísticas, las mujeres con una educación más alta tienen más posibilidades de trabajar en empleos mejor remunerados y más altos. Pero la educación es algo más que un conjunto de datos, y es importante que las mujeres que tienen la oportunidad de asistir a la escuela adquieran capacidad de análisis, criterio y confianza en ellas mismas.
Por lo tanto, podemos afirmar con certeza que la igualdad de oportunidades no es un lujo, es una necesidad, Martha Nussbaum lo percibió con precisión: “la educación no simplemente saca a relucir habilidades, forma la autoestima, el pensamiento crítico y, lo que es más importante, la habilidad de tomar decisiones con una idea clara de las consecuencias”.
Lea también: Las heroínas invisibles de la sociedad. El trabajo de ser mujer cuidadora
El papel del gobierno y la sociedad
Claro, es imposible lograr este empoderamiento sin el apoyo de toda la sociedad. La familia, estudiantes, empresas y gobiernos juegan un papel crucial en la promoción de la educación financiera entre mujeres.
El empoderamiento financiero no sucede espontáneamente; hay que hablar de dinero, ahorros y planificación financiera en el hogar desde el principio. No es suficiente enseñar a los niños varones a manejar el dinero. Que aprendan nuestras hijas. Además, las escuelas deben añadir la educación financiera a los planes de estudio para proporcionar a los alumnos todos los conocimientos posibles para tomar decisiones financieras precisas en la vida más adelante.
También, las empresas pueden ofrecer a sus empleados educación financiera y políticas laborales de igualdad salarial y avance, mientras que el gobierno puede implementar políticas públicas que permitan a las mujeres acceder a servicios financieros, cuentas bancarias y créditos.
Finalmente, cualquier tipo de legislación debe ser acompañada por mecanismos de seguimiento y evaluación. Una ley única y progresiva no sirve de nada si no se traduce en cambios claros en la vida de la mujer trabajadora. Cada pequeña victoria se suma a un efecto dominó que permite liberar a más y más mujeres.
Te puede interesar: «Decididas»: el camino para impulsar la autonomía económica de las mujeres
Un futuro más justo y equitativo
Es importante mencionar que, para nosotras, la independencia económica de las mujeres no es un objetivo utópico ni una cuestión que solo beneficie a las mujeres individualmente. Porque también beneficia a la sociedad en su conjunto. Dado que las mujeres tienen que cuidar del hogar y los niños, cuando tomen decisiones financieras adecuadas, invertirán lo suficiente. Ya sea en la educación de nuestros hijos, mejorar la salud de nuestras familias y ayudar a nuestras comunidades a crecer económicamente.
En resumen, la educación financiera es una preocupación colectiva compleja repleta de potencial. Por lo tanto, la educación, la sociedad y el gobierno deben trabajar juntos, no solo para lograr la igualdad de género, sino también para el desarrollo económico y social en general.