Secretaría de Inclusión Social, Familia y Derechos Humanos

1 Primera entrega

¿Qué sabemos sobre el virus? 

Un virus es una molécula que contiene material genético (ARN o ADN) y que puede replicarse. Esto significa que los virus no son organismos vivos y requieren de otras células para multiplicarse. Dependiendo de su material genético y de la manera como se replican, los virus se clasifican en diferentes categorías, perteneciendo los coronavirus a una de ellas.

Se llaman “coronavirus” porque su estructura cuenta con terminaciones similares a “patas” que forman una especie de corona alrededor del núcleo. Estas terminaciones se conocen como espículas y se componen de proteínas que permiten al virus adherirse a la célula receptora. La corona se complementa con una envoltura de material lipídico (grasa) que recubre el interior y le da una forma generalmente esférica. El material genético de los coronavirus es ARN y se encuentra en la parte interna del virus.

Partes que componen a los coronavirus.

Existen varios tipos de coronavirus identificados. Entre los más destacados de los últimos años se encuentran el SARS-CoV y el MERS-CoV, los cuales causaron epidemias en años anteriores y afectaron a un número importante de personas, quienes presentaron posteriormente enfermedades relacionadas con la Infección Respiratoria Aguda (IRA), la cual es potencialmente mortal. 

El nuevo coronavirus, detectado por primera vez en Wuhan (China) en diciembre de 2019, recibió primero el nombre de 2019-nCov y es ahora conocido como SARS-CoV-2, teniendo en cuenta las similitudes que presenta con el SARS-CoV que causó una epidemia en China entre 2002 y 2003. La sigla SARS corresponde al nombre en inglés para Síndrome Respiratorio Agudo Grave

Aún no es claro cómo se llegó a los primeros contagios en seres humanos. Sin embargo, el comportamiento de la epidemia ha demostrado que el virus puede transmitirse de una persona a otra, principalmente por vía de las gotículas que expulsa la persona infectada a través de la tos o los estornudos; también se ha detectado que el virus puede permanecer activo en superficies durante un periodo todavía no especificado.

Teniendo en cuenta que la envoltura del coronavirus se compone de moléculas de grasa, una de las formas más efectivas para desactivarlo consiste en diluir dicha envoltura y dejar así al descubierto el material genético (ARN) alojado en su interior. Para lograrlo, las mejores herramientas son el jabón (cualquier tipo de jabón sirve para ello, pues sus moléculas atrapan la grasa y la disuelven) y las soluciones de alcohol con una concentración mayor al 70%. Esta es la razón por la cual el lavado de manos frecuente es la mejor arma que tenemos para evitar la propagación del coronavirus, así como la desinfección periódica de superficies con las cuales las personas tengan contacto frecuente, tales como pomos de puertas, bordes de ventanas, tubos de transporte público, entre otras.

Cabe aclarar que el SARS-CoV-2 y la COVID-19 no son lo mismo. El SARS-CoV-2 es el coronavirus propiamente dicho, es decir, es la causa de la infección; la COVID-19, por su parte, es la enfermedad que se desarrolla a partir de la replicación del virus en el cuerpo humano, en especial en el aparato respiratorio. Actualmente no hay un tratamiento identificado que sea efectivo contra el SARS-CoV-2; por su parte, los pacientes con COVID-19 confirmada reciben tratamiento sintomático, lo que significa que se busca minimizar los daños ocasionados por las dificultades respiratorias asociadas a la enfermedad.


Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Ministerio de Salud, Comité Internacional para la Taxonomía de los Virus, MedLinePlus.

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