Cuatro paredes

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Pintura "Alchemist", de Remedios Varó. Foto tomada de Twitter.
Vamos Belén
Por Sofía Berrío Martínez
Colaboradora

Cayendo en un pozo infinito, donde sé que buscar el final podría ser el principio, es la frase que marcó mi salida.

Un día de verano donde llovía, aunque se supone  que no debería. El humo de la ducha empañaba el cristal del espejo del baño, el cabello aún me goteaba y, a pesar del arcoíris que se formaba por el sol en medio de la lluvia, me empeñaba en llevar el saco desgastado que me llegaba un poco más abajo del muslo. En el viejo tocadiscos giraba el vinilo. Al otro lado del espejo se alza su voz diciendo: es momento de dibujar una sonrisa en ese rostro cual papel.

Contra mi voluntad, mis manos agarran la hoja metálica y siento la calidez de la sangre en mi rostro. Con lágrimas en los ojos, no me puedo detener y el frenético movimiento no termina su compulsivo movimiento hasta garabatear la sonrisa completa.

Esta es la hora de estar juntos y que alegres mi eternidad: ven conmigo.

Recuerdo la sangre brotar de mis manos y muñecas y confundirse con las blancas baldosas y de ahí todo fue negro.

Despierto con la boca sellada y las manos atadas. Me encuentro entre cuatro paredes blancas sin ventanas.

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