¿Qué es la economía del cuidado?

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Las tareas del cuidado representan un impacto importante en la economía de los países. • Imagen: Leonel Morales, UNDP.
IU Digital de Antioquia

Usualmente, cuando hablamos del trabajo tendemos a pensar en esas actividades que las personas desempeñan a cambio de que les paguen un salario. Sin embargo, algunas actividades se desempeñan dentro de los hogares y usualmente no obtienen reconocimiento económico, a pesar de su importancia para la vida familiar, comunitaria y nacional.

En esta nota hablamos acerca de la economía del cuidado y de su impacto en la economía nacional.

¿Qué se entiende por economía del cuidado?

La economía del cuidado está definida en nuestro país por la Ley 1413 de 2010, que incluye este renglón en el Sistema Nacional de Cuentas. En particular, el artículo 2 de la ley se refiere “al trabajo no remunerado que se realiza en el hogar, relacionado con el mantenimiento de la vivienda, los cuidados a otras personas del hogar o la comunidad y el mantenimiento de la fuerza de trabajo remunerado”.

De acuerdo con el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, este trabajo “incluye los servicios domésticos personales y de cuidados generados y consumidos dentro del propio hogar, por los que no se percibe retribución económica directa”. 

Aunque estas actividades no generan recursos monetarios de manera directa, son necesarias para quienes sí reciben remuneración. Por ejemplo, las personas que deben trabajar fuera de casa necesitan alimentación, limpieza del hogar o cuidado de los hijos, labores que usualmente demandan mucho tiempo.

También son trabajos fundamentales para un segmento grande de la población. Muchas personas deben dedicarse al cuidado de otras, sea por motivos de edad, condiciones de salud o de movilidad, etcétera. 

El impacto del cuidado en la economía

Como ya se mencionó, la Ley 1413 de 2010 incluye a la economía del cuidado dentro del Sistema Nacional de Cuentas. Esto se hace con el objetivo de medir la contribución de las actividades domésticas no remuneradas a la economía nacional.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) emitió el pasado 8 de julio de 2022 el reporte más reciente sobre la Cuenta Satélite de Economía del Cuidado en Colombia.

El informe muestra que las actividades del Trabajo Doméstico y de Cuidado No Remunerado (TDCNR) se constituyeron en la primera actividad económica del país para el año 2021, teniendo en cuenta el valor monetario neto que representa. Así lo muestra la siguiente gráfica:

La economía del cuidado representó la principal actividad económica en Colombia para el año 2021. • Imagen: DANE.

Como puede verse, el peso de la economía del cuidado supera incluso a las actividades económicas que mayores ingresos generan, como son el comercio, la administración pública y los servicios de educación y salud. En concreto, la economía del cuidado tuvo un valor superior a los 230 mil millones de pesos el año anterior.

Estos cálculos se basan en la cantidad de horas que cada persona destina a actividades como suministro de alimentos, limpieza del hogar o apoyo a otras personas. Las horas destinadas al cuidado en Colombia fueron más de 41 millones durante 2021, poco más de un millón 700 mil días.

La equidad en la economía del cuidado

Según las cifras del DANE, la cantidad de horas destinadas al cuidado se distribuyen de manera muy desigual en perspectiva de género. Dice la entidad que “las mujeres aportaron el 77,7 % del total de horas anuales,  mientras que los hombres aportaron el 22,3 % restante”.

Esto significa que más de tres cuartas partes de las acciones del cuidado están a cargo de mujeres mayores de 10 años, edad desde la que comienza el registro estadístico nacional. 

Imagen freepik.es

Las diferencias son aún mayores cuando se miran las cifras para actividades detalladas. Las mujeres se ocupan mayoritariamente de mantenimiento de vestuario (86,8 % de horas destinadas), suministro de alimentos (84,3 %) y cuidado y apoyo a personas en el hogar (79,3 %).  

En contraste, la actividad más equilibrada es compras y administración del hogar, aunque las mujeres siguen aportando la mayor parte de horas con 52,4 %.

Otro dato que ilustra la perspectiva de género es el estrato socioeconómico. Mientras los hombres de estratos 1 y 2 aportan 21,0 % de las horas anuales, la participación masculina en los estratos 5 y 6 sube al 29,1 %. 

¿Qué se puede hacer?

Diversas entidades nacionales e internacionales tienen interés en la economía del cuidado, en especial con referencia a cerrar las brechas de género y socioeconómicas de las personas dedicadas a estas actividades.

Una de estas entidades es ONU Mujeres, órgano de las Naciones Unidas dedicado a la consecución de la equidad de género. 

Este organismo resalta la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un instrumento internacionalmente avalado que reconoce y valora el cuidado no remunerado.

En particular, la Meta 5.4 de la Agenda contempla que esto se hará “a través de la prestación de servicios públicos, infraestructura y políticas de protección social, y la promoción de la responsabilidad compartida tanto al interior de los hogares y las familias como en el ámbito nacional”.

Por lo tanto, estados como Colombia necesitan diseñar e implementar políticas públicas orientadas a cumplir los estándares internacionales sobre la economía del cuidado. Esta es la razón por la cual existen instrumentos como la Ley 1413 de 2010 y la posterior inclusión del segmento en el Sistema Nacional de Cuentas.

Pero más allá de las acciones políticas y públicas, hay también contribuciones desde lo privado que ayudan a disminuir las brechas y a conseguir la igualdad.

Una de ellas es buscar una mejor distribución de las tareas domésticas. Tanto hombres como mujeres pueden desempeñar actividades como el suministro de alimentos o la limpieza del hogar. Las acciones cotidianas van sumando para no mantener el machismo en casa.

También se puede promover la participación masculina en acciones como el cuidado de otros, en especial cuando hablamos de personas enfermas o con alguna discapacidad que requiera de apoyo. En estas labores se suelen aprender grandes lecciones de vida.

Por último, no hay que olvidar que la equidad comienza en casa. La educación que los mayores les brindemos a niños y niñas es fundamental para construir una cultura que reconozca el valor de la economía del cuidado y distribuya mejor las cargas.

Esta nota hace parte de la iniciativa La equidad comienza en casa, iniciativa ganadora de la convocatoria Medellín Palpita desde sus Territorios de la Secretaría de Comunicaciones de la Alcaldía de Medellín.

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